
Uno de los abismos más grandes entre el cristianismo y el Islam tiene relación con la manera de salvación.
ISLAM
Allah es tan santo que no puede relacionarse directamente con el hombre. Es en realidad un Dios desconocido. Podemos saber sus atributos (santidad, justicia, etc.) pero ellos no son Allah. La salvación del hombre viene por obediencia perfecta a los mandamientos de Dios. Oraciones 5 veces por día para todos, y los demás pilares del Islam. Deben tratar de merecer la salvación. Por esto es que la única manera de asegurar la salvación es siendo mártires (o héroes como son llamados en el mundo islámico) por la causa musulmana (traducción: debe convertirse en terrorista).
Dios al final decide si la persona ha sido digna. Dios no viene al hombre, y ciertamente no se manifestaría en carne, porque es "demasiado santo para envolverse en esta carne humana." Allah es lógica por sobre todo lo demás. Por esta razón Jesús nunca puede ser considerado divino. No sería lógico que Allah hiciera algo así.
Lo máximo que uno puede ser, en relación a Dios, es un sirviente o siervo.
CRISTIANISMO
YHWH es santo y tiene una separación del hombre. Es un Dios que se revela a Sí mismo por sus atributos, manifestaciones, y títulos. Conocemos sus atributos (santidad, justicia) pero existen en armonía con otro atributo que parece ser parte de Su misma esencia: el amor.
El hombre no puede salvarse a sí mismo. Dios viene a pagar el precio por la salvación del hombre (de esta manera Su justicia y santidad son honradas), y lo hace manifestado en carne (de esta manera Su amor es demostrado). "Ninguno tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos."
Uno puede llegar a ser hijo adoptivo de Dios, y aún amigo de El.
CONCLUSION
Ya que el musulmán debe tratar de ser santo y es un hombre débil en la carne, nunca llegará a merecer la salvación. ¿Por qué habría Dios de considerar digno a alguien así? La misma santidad de Dios destruiría todo intento de confraternidad con el hombre, aún en el Cielo.
El cristiano nunca puede llegar a merecer estar en la presencia de Dios. Pero no tiene que hacerlo. Jesús lo hizo en la cruz, y por medio del bautismo, hemos aplicado la justicia del Hijo de Dios a nuestra vida. Cuando Dios nos mira, no mira nuestro pecado, sino que mira la sangre de Cristo sobre nosotros. El precio ha sido pagado. Puede haber comunión, y aún más, amistad. Esta última idea es blasfema para los musulmanes. Pero la verdadera blasfemia es pensar que uno puede por sus propias fuerzas merecer entrada al Cielo de Dios. ¡Qué orgullo más grande! y ese tipo de orgullo es ciertamente pecado.
El musulmán confía en sí mismo.
El cristiano confía en Dios.
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